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Artesanía y diseño: hacia un trabajo colaborativo

La artesanía cuenta una historia, no es simplemente un objeto que sirve para algo. No tiene la frialdad de un producto industrial sino que transmite un mensaje emocional porque lleva consigo la impronta de su creador/a. Y ese objeto refleja su modo de sentir y de vivir: tradiciones, expresiones y sistemas de conocimiento están integrados en una pieza artesanal relatando una historia cultural que la convierten en única.

Los artesanos/as necesitan vender sus artesanías para asegurar su sustento, y cuando pretenden salir al mercado -uno diferente al suyo natural y local-, surgen dificultades y barreras porque desconocen sus códigos de funcionamiento. Es en este punto donde aparece la necesidad de asesoramiento para que sus creaciones tengan mejores posibilidades de comercialización. Entonces, se abren caminos para el intercambio y el trabajo conjunto entre artesanos/as y diseñadores/as, ya que estos últimos están empapados con las tendencias y demandas de los diferentes mercados: preferencias de los consumidores en cuanto a formas, colores, materiales, etc.

A través de esta intervención el sector artesanal puede obtener mayor visibilidad y mejores condiciones para insertarse en el mercado, la pregunta que surge es cómo lograr articular estos dos universos diferentes, a los que pertenecen diseñadores/as y artesanos/as, para establecer un intercambio de carácter horizontal, respetuoso y que genere relaciones virtuosas. Estos cruces se vienen potenciando en Latinoamérica, con mayor o menor grado de desarrollo según cada país. Entrevisté a algunos/as profesionales de la región para conocer su opinión al respecto y cómo están trabajando sobre un proceso colaborativo.

Diseñador/a y artesano/a inicialmente iban por caminos independientes. El diseñador/a creía que estaba relacionado con la academia y que tenía poco que aprender del artesano/a directamente. “Por lo cual, en los comienzos, el diseñador/a decidía realizar determinado objeto y el artesano/a simplemente se dedicaba a ser como su mano de obra, la parte de ejecución. De a poco, la academia fue introduciendo temas artesanales dentro de las carreras de diseño y entonces se vio que el tipo de colaboración era diferente. Una comunicación de doble vía donde el diseñador/a tenía que aprender del artesano/a y el artesano/a tenía cosas que aprender del diseñador/a”, explica Silvana Navarro Hoyos, diseñadora industrial colombiana, trabaja con el sector artesanal en el desarrollo y gestión de proyectos. Actualmente vive en Barcelona, España.

Por su parte, desde Ecuador, el diseñador Edward Barragán asegura que “antes se cometía el error de tratar de imponer un criterio sobre la ergonomía, las formas, las tendencias, pero gracias a la experiencia y al contacto con los artesanos/as y con las comunidades, eso ya se ha superado. Ahora estamos desarrollando procesos participativos donde el diseñador/a entienda que es parte de un proceso que los artesanos/as han iniciado durante muchos años”.

En los talleres de diseño participativo se da un “entorno de colaboración donde se pierden los roles. Es salir de la estructura jerárquica y simplemente cada cual aporta sus saberes en un proceso mutuo. El diseñador/a es un facilitador que ayuda al artesano/a a entender lo que el mercado requiere, dando información sobre tendencias, haciendo énfasis a que haga colecciones de productos”, plantea el diseñador industrial colombiano especializado en artesanía, Jorge Montaña.

Según la diseñadora y artista plástica argentina María Boggiano, el comienzo de este intercambio es estableciendo diálogos. “Pienso en el diseñador/a como un articulador/a entre distintos grupos, distintas culturas… No es sólo el diseño de un objeto, es el diseño de una estrategia, de una estructura”, afirma la especialista.

Los consultados coinciden que el diseñador/a no puede crear sin tener un conocimiento previo tanto de la técnica como de los materiales y de las características del artesano/a. Para llevar adelante un proyecto conjunto es imprescindible investigar acerca de la comunidad donde se va a trabajar, empaparse de su cultura material e intangible y finalmente desarrollar una propuesta. Desde el inicio tiene que quedar claro cuál es el objetivo de ese encuentro. Cada reunión es una oportunidad para conocerse, para desarrollar ideas, para proponer soluciones juntos, explica el diseñador industrial argentino Christian Ullmann, radicado en Brasil, donde ha desarrollado diversos proyecto en todas las regiones de ese país. “Todavía tenemos que invertir más en esa relación y encontrar más instituciones de fomento, colaboradoras. Continuamos construyendo caminos, puentes e intentando aproximar más estos diferentes universos”, concluye.

Algunos ejemplos:

Colección artesanal “Sacha Urku” en Ecuador. Combinación de técnicas y de materia es Se trabajó con totora, fique, caña de guadua, cerámica, madera, desarrollando piezas mobiliarias y decorativas para los ambientes de toda una casa: sala, comedor, terraza, habitación. Se tomaron elementos de la costa, la sierra, la amazonia y la parte insular. Se armó una paleta de colores, un menú de formas y de texturas con la participación de alrededor de 80 artesanos/as involucrándolos en las tendencias de diseño, a las cuales se les hizo un estudio y una transferencia. “Se logró articular oficios, técnicas, materiales, diferentes formas de pensar e idiosincrasias en una gran colección con éxito comercial, que fuera contemporánea pero que tuviera todas esas raíces ancestrales”, dice Barragán.

María Boggiano, convocada por el Plan Nacional del Diseño del Ministerio de Industria de Argentina, trabajó con una comunidad de mujeres indígenas de Ingeniero Juárez, en la provincia de Formosa, para generar nuevos productos intentando darle mayor valor al chaguar, que es la fibra con la que ellas trabajan, que tiene un tope en el precio. Son tejidos que les demandan muchas horas de trabajo, “hacer una yica mediana (cartera) implica unas 40 horas y eso en el mercado tiene un valor máximo de 150 pesos (argentinos). Entonces, buscamos crear un producto diferente que le sumara mayor valor”, detalla la diseñadora. Combinaron el chaguar con el cuero y crearon una línea de luminarias.

En la localidad de El Cercado, en la provincia argentina de Tucumán, se está desarrollando un protocolo de buenas prácticas entre la comunidad de tejedoras de la randa (única en el país) y diseñadores/as locales.  El programa “A Cercando" que lleva adelante la UNT, el MATRA y el IDEP, consta de encuentros teórico-prácticos entre ambos grupos para lograr un futuro trabajo colaborativo entre las randeras y los diseñadores/as, bajo un protocolo de Mejores Prácticas. “Estamos trabajando en generar un certificado de calidad de los productos que avale que el mismo fue desarrollado siguiendo parámetros de respeto, honestidad e información compartida y precio justo”, indica Daniela Mangialavori, diseñadora textil del Mercado de Artesanías Tradicionales de la Argentina (MATRA), y una de las técnicas del proyecto.

Referencias:

Silvana Navarro Hoyos: http://www.silvananavarro.com/

María Boggiano: http://www.mariaboggiano.com.ar/

Edward Barragán: edwardbarragan@hotmail.com

Jorge Montaña: http://www.jorgemontana.com/ Coautor del libro Diseño, Artesanía e Identidad

Christian Ullmann: https://christianullmann.wordpress.com/about/

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